La agresividad es el impulso o pulsión de ir contra alguien, de salirse de sí para enfrentar al otro. Visto así, desde su origen definitorio de la palabra latina “agreddi”, nos referimos exclusivamente a la agresividad como acción, como ejecución de ataque o daño, esto es, a la agresividad activa.
Esta agresividad activa u ofensiva, puede ejercerse tanto hacia los demás (sadismo) como hacia uno mismo, por propio rechazo o autodesprecio (masoquismo)
Pero existe otra forma de agresividad, pasiva o defensiva, que es aquella que, sin ejecutar ataque al prójimo, se mantiene contenida en el disparadero.
La agresividad viene derivada generalmente de problemas psicopatológicos cuyo origen, en una gran mayoría de los casos, está en la infancia del individuo. Por destacar algunos de los problemas que pueden generar conductas agresivas, reseñamos los siguientes:
• Trastornos mentales de base orgánica.
• Ingestión de sustancias psicoactivas (alcohol, antidepresivos, estimulantes, mezclas, etc.)
• Trastornos emocionales de control de los impulsos.
• Trastornos afectivos.
• Conducta esquizoide.
Para determinar la manifestación del impulso agresivo en la escritura, distinguiremos entre los dos tipos de agresividad antes mencionados:
1) Rasgos de agresividad activa u ofensiva:
La escritura del agresor activo, tanto en sus variantes verbal, psicológica, como de acción en sí misma, estará caracterizada por:
- la profusión de rasgos lanzados, como puntas de espada, hacia la derecha (hacia la izquierda en el caso específico del masoquismo).
- Normalmente será una escritura con predominio del ángulo anguloso, bien presionada y con notorias irregularidades.
- Primarán marcados rasgos verticales, de signo impositivo y autoritario, acompañados de gestos gráficos horizontales con tendencia a la afilación o a terminaciones en punta o arpón.
- Los agresivos sexuales marcarán los mencionados arpones en la zona baja de su escritura.
2) Rasgos de agresividad pasiva o defensiva:
- El conjunto del escrito será anguloso, como en el caso anterior, pero la diferencia radica en que, en lugar de espadas, encontraremos escudos, rasgos protectores, regresivos, desde la zona derecha del escrito, cerramientos en esa zona, conjunto escritural tensionado (ejemplo T en forma de luna decreciente o arco de tiro) y, muy frecuentemente, el llamado “gesto del escorpión”, que vuelve regresivo los finales, mostrando en su parte más alta un aguijón preparado para ser lanzado ante cualquier posible ataque externo.
- La firma estará fuertemente protegida, acorazada por una rúbrica envolvente.
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